Álvaro GÓMEZ BECERRA (Cáceres, 1771 - Madrid, 1855).

Eduardo BALACA Y CANSECO (1840-1914)

Óleo sobre lienzo - 100 * 75 cm.

Álvaro Gómez de Becerra, tercer Presidente del Senado, nació en Cáceres en 1771. Diputado en las Cortes de Cádiz (1812) siempre se distinguió por sus ideas liberales lo que le llevó al exilio en Inglaterra y Francia. Por su formación jurídica llegó a ser dos veces Ministro de Gracia y Justicia con Álvarez de Mendizábal y con Rodil e, incluso, de Gobernación. Presidió el Congreso de los Diputados en 1822, 1823 y 1836, destacando esta última etapa porque en ella se redactó y aprobó la Constitución de 1837.

Era un hombre de una gran ilustración como demuestran las varias obras que escribió fundamentalmente de carácter político. En ellas se revela siempre como un firme partidario del sistema constitucional, como garantía máxima de las libertades, aunque le costara el exilio, antes apuntado, y el destierro a Cuenca cuando contaba ya con setenta años de edad.

El pintor, Eduardo Balaca y Orejas-Canseco, nació en Madrid en 1844, iniciando la formación artística bajo la atenta mirada de su padre, también pintor, José Balaca. Como la mayoría de los pintores de esa época, continúa su formación en la Academia de San Fernando y, al igual que todos, participa en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, si bien no con mucho éxito pues los dos premios conseguidos en 1864 y 1867 no pasan de simples menciones honoríficas. Esta falta de medallas puede explicar el hecho de que no pudiera llegar a ser profesor de alguna escuela de las distintas Academias, teniéndose que conformar con una plaza de profesor de la Escuela de Artes y Oficios.

Eduardo Balaca se va a especializar en el género del retrato en el que significativamente va a trabajar mucho para centros oficiales, entre ellos el Senado, para cuya Galería de Presidentes realiza otros dos retratos además del presente. A pesar de la fama que alcanza, sus retratos por lo general son un poco fríos, demasiado dibujados y con excesivo aprecio por los detalles, lo que va en detrimento de la figura, como ya supo ver el crítico de Las Novedades, comentando su envío al certamen de 1856: "Los accesorios están pintados como las carnes, con igual esmero y con igual detención, lo cual perjudica al busto y a las encarnaciones, que su brillo natural deben ser las que llamen más la atención del artista". Lo que queda patente en este retrato del Presidente del Senado en la Legislatura de 1842-1843. (Texto de Jesús Gutiérrez Burón, en "El Arte en el Senado", editado por el Senado, Madrid, 1999, pág. 124).