Francisco Javier ARIAS DÁVILA MATHEU Y CARONDELET, conde de Puñonrostro (Cádiz, 1812 - Madrid, 1890)

Miguel JADRAQUE Y SÁNCHEZ DE OCAÑA (1840-1919)

Óleo sobre lienzo- 100 * 75 cm.

El decimosexto Presidente del Senado, Francisco Javier Arias Dávila, Conde de Puñonrostro, escogió desde niño la carrera militar, distinguiéndose ya en la primera guerra carlista al defender la causa de Isabel II. Posteriormente fue director general de Artillería y Jefe Superior de Palacio. Compaginó la carrera de las armas con la actuación política, militando siempre en los partidos moderados. Nombrado Senador vitalicio en 1868, al disolverse las Cámaras con la Revolución, volvió a ser elegido Senador por la provincia de Segovia en 1876, con la Restauración sería nombrado Senador por derecho propio, ejerciendo la Presidencia de la Cámara Alta en la Legislatura de 1884, puesto en el que será retratado por Jadraque.
El pintor vallisoletano Miguel Jadraque nació en 1840, realizando sus estudios en la escuela de Bellas Artes de aquella ciudad. En 1864 gana el concurso de la Academia de Bellas Artes de Valladolid con un tema sobre el fundador de la ciudad -Episodio de la vida del Conde Ansúrez-, obteniendo además una beca de dos años en Roma. Allí coincidirá con Rosales y Fortuny que van a ejercer una gran influencia en sus obras, en especial las de género histórico. Desde 1862 va a participar repetidamente en las Exposiciones Nacionales, si bien no con mucha fortuna, pues sólo alcanzará dos medallas de tercera clase en 1871 y 1876, y una de segunda en 1878, con el clásico cuadro histórico: Carlos V en Yuste, que estuvo en depósito en el Senado hasta que en 1932 pasó a la Cámara de Comercio de Salamanca.

Jadraque practica todos los Géneros aunque se desenvuelva mejor en los temas históricos literarios donde alcanza los mayores éxitos gracias al detallismo con el que representa todos los elementos. Condiciones que le acompañan también en sus retratos como se puede ver en el del Conde de Puñonrostro en el que toda la indumentaria desde el uniforme de gala con sus chorreras y entorchados hasta las cruces, órdenes y condecoraciones -entre las que resalta el Toisón, la de Carlos III, la laureada de San Fernando o la de la Orden de Calatrava- están representadas con una gran fidelidad. En cambio no está tan acertado en la disposición de la figura que le obliga a un giro forzado de la cabeza para evitar la excesiva frontalidad. Gesto que además va en detrimento de la naturalidad y expresividad al fijar la mirada el Conde en un punto indefinido. Por contra, esta posición permite ver y admirar lo bien modelada que está la cabeza, un dechado de perfección anatómica que contrasta con la imperfección de la mano derecha y la desproporción del brazo del mismo lado.(Texto de Jesús Gutiérrez Burón, en "El Arte en el Senado", editado por el Senado, Madrid, 1999, pág. 150).